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Cambios en Morena, movimiento estratégico de la presidenta

  • orel200639
  • 23 abr
  • 2 min de lectura

Guillermo Vázquez Handall / Con juicio político

No es solamente un cambio en la dirigencia, es un golpe de timón que significa que ahora sí, está en marcha la transición y, por ende, el dominio absoluto de la presidenta en su partido


Las salidas de Luisa Maria Alcalde, de la presidencia nacional, y de Andrés López Beltrán, de la Secretaría de Organización de Morena, y los arribos de Ariadna Montiel y Esthela Damian a esas posiciones, son un movimiento estratégico político de la presidenta.


No es solamente un cambio en la dirigencia, es un golpe de timón que significa que ahora sí, está en marcha la transición y, por ende, el dominio absoluto de la presidenta en su partido.


Esta nueva configuración posterior al nombramiento de Citlalli Hernández pone de manifiesto que las candidaturas de Morena para el próximo proceso electoral se van a decidir únicamente en Palacio Nacional.


En el armado de las postulaciones tendrá que haber equilibrios y una suerte de repartición de los espacios, en función del tamaño e importancia de los diversos grupos que conforman el movimiento, pero también que los criterios de asignación tendrán que estar regidos por una misma línea.


No se trata de un rompimiento como tal, pero los relevos imponen un reordenamiento que está enfocado fundamentalmente en construir una bancada afín a la presidenta, sin influencias externas u oficiosas.


Tener en las gubernaturas y alcaldías elementos que dejen a un lado la tentación de obedecer a otros intereses y, derivado de ello, eliminar presiones e intentos de chantajes.


El mando y el orden en política son una regla indiscutible, la segmentación de los mismos divide, polariza y enfrenta, más aún cuando se suma una oposición proveniente de sus propios aliados.


Con esto la presidenta asume sus facultades plenamente; con ello, de forma natural, también su responsabilidad de arbitraje pero sobre todo de gran electora como le corresponde. No debe quedar duda alguna sobre quién ejerce el poder, en su forma y estilo personal, pero sin atisbos ni interpretaciones.


El resultado inmediato es que todo lo que estaba sucediendo cambia radicalmente. Se impondrán reglas que ahora sí habrá que cumplir, instrucciones que obedecer para poner freno tajante a los abusos de una competencia que estaba transitando por la libre, sin supervisión, ni amonestaciones.


A partir de ahora, todos los aspirantes a cargos de elección popular en Morena y en sus partidos aliados, si es que se mantiene la coalición, tendrán que ceñirse a un formato, en igualdad de condiciones, pero no solo se trata de un concurso de popularidad.


En adelante, por encima de los pactos entre grupos, estará primero el análisis de los perfiles, su pertenencia de alienación y muy importante: la lealtad.


La coyuntura obliga a que en la revisión del proceso, los criterios de definición privilegien el quién, el cómo y el por qué, en la base conceptual de la presidenta, como lo ha manifestado en términos del nepotismo o de otorgar candidaturas a personas que no comulgan con sus principios.



 
 
 

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