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Adiós al hijo de AMLO: Sheinbaum designa Ariadna Montiel Reyes a purgar la dirigencia y toma el control absoluto.

  • orel200639
  • 22 abr
  • 3 min de lectura

Actualizado: 22 abr

*Leticia Ramírez Amaya emerge como opción sólida para la Secretaría del Bienestar

Ariadna Montiel Reyes, actual secretaria de Bienestar, se perfila para sustituir a Luisa María Alcalde en la presidencia nacional de Morena. El movimiento, reportado inicialmente por fuentes internas, representa el cambio más profundo en la estructura del partido oficialista desde su fundación. Montiel no llega sola: Esthela Damián Peralta, consejera jurídica de la Presidencia, ocupará la Secretaría de Organización en lugar de Andrés Manuel López Beltrán. Con esta reconfiguración, la presidenta Claudia Sheinbaum desplaza a los perfiles de la administración anterior y entrega las llaves del partido a sus operadoras de mayor confianza. La instrucción es clara: disciplina absoluta y control territorial total antes de que inicien las campañas intermedias de 2027.

La llegada de Montiel a la dirigencia no es un cambio de discurso, sino de billetera operativa. Como titular de Bienestar, Montiel ha gestionado un presupuesto superior a los 550,000 millones de pesos anuales, dirigidos a los padrones de pensiones y becas que sostienen la base electoral del movimiento. Al trasladar a la arquitecta de los programas sociales a la presidencia del partido, Morena institucionaliza la conexión directa entre la entrega de apoyos gubernamentales y la movilización política. Comparado con la gestión de Alcalde —centrada en la retórica y la conciliación—, el perfil de Montiel es estrictamente territorial y basado en el manejo de bases de datos masivas de beneficiarios.

Lo que los comunicados internos no mencionan es el mensaje implícito en la salida de Andrés Manuel López Beltrán de la Secretaría de Organización. El hijo del expresidente representaba el último vínculo directo de la familia López Obrador con la maquinaria de Morena, una posición estratégica que controla el ingreso de nuevos militantes y la logística electoral. Al sustituirlo por Esthela Damián, Sheinbaum elimina la dualidad de mando que persistía en el partido. La Presidenta ha decidido que la estructura del partido sea una extensión directa de su oficina en Palacio Nacional, sin las mediaciones ni las concesiones que marcaron los primeros meses de la transición.

La reconfiguración también incluye a Citlalli Hernández, quien asumirá la responsabilidad de las alianzas y candidaturas para evitar que las tensiones con el PT y el Verde pongan en riesgo la mayoría calificada. El reto de este nuevo equipo es contener la guerra interna por las candidaturas locales que Alcalde no pudo frenar. Sin embargo, este "golpe en la mesa" también expone una vulnerabilidad: la incapacidad de Morena para procesar sus conflictos internos sin la intervención directa del Poder Ejecutivo. El partido que nació como un movimiento social hoy termina de consolidarse como una maquinaria de estado, donde la lealtad personal a la mandataria es el único requisito para el ascenso.

El costo de este movimiento es la institucionalización definitiva del uso de los programas sociales como motor partidista. Para el ciudadano, la llegada de la operadora del Bienestar al mando de Morena significa que la distinción entre un servidor público y un promotor del voto será, a partir de hoy, inexistente. Morena ha entrado en una fase donde la prioridad no es el debate de ideas, sino la eficiencia de los padrones. Con el control de la Secretaría de Organización y la Presidencia del partido en manos de su equipo compacto, Sheinbaum llega a la mitad de su periodo con un partido diseñado a su imagen y semejanza, listo para cobrar la factura electoral en los próximos comicios.


*La posible llegada de Lety Ramírez a la Secretaría del Bienestar tomó por sorpresa a varios actores políticos y sociales esta semana, según reportes de El Universal. La funcionaria, señalada como experta en la implementación de programas de la 4T, aparece ahora entre las cartas con más fuerza en el tablero del gabinete.


Ramírez ha construido su reputación en la operación y supervisión de proyectos sociales, destacan fuentes consultadas por este diario y mencionadas también en Reforma. Su perfil técnico —menos mediático que el de otros operadores políticos— la coloca como una opción que promete continuidad en programas emblemáticos, pero también plantea la necesidad de revisar mecanismos de entrega y evaluación.


El contexto político no es ajeno a este movimiento. El enroque de secretarías comenzó tras los cambios vinculados a Citlalli Hernández, lo que abrió espacio para ajustes en varias áreas del Ejecutivo. Desde la Presidencia, según comunicados y fuentes internas, se busca ordenar equipos que permitan mayor coordinación entre estado y municipios para evitar duplicidades y fugas de recursos.


De darse la noticia, la presidenta estaría poniendo la mejor carne al asador para asegurar mayores triunfos para Morena, lo que incluye en Tamaulipas.

Malas noticias para algunos dirigentes morenista tamaulipecos que ya estaban negociando candidaturas, pues con estos cambios, más la llegada de un delegado del CEN, los sacan del juego, y claro, se les cae el negocio. Ni modo Olga Patricia Sosa Ruiz, José Ramón Gómez Leal, Erasmo González Robledo Y Eduardo Abraham Gattás

 
 
 

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